Contracorriente
Hace como cinco años, leía en mi primer libro de texto holandés -un libro horrendo, el “Delftse methode”, más conocido como el “libro verde”- que, según una investigación, “la mayoría de los holandeses desea una casa con jardín”, pero que “eso no es posible por la falta de espacio”. Con el tiempo, confirmé que en las ciudades importantes, las casas de grandes dimensiones eran, en efecto, inaccesibles para bolsillos estrechos como el mío.
Me fui de Ámsterdam, como hacen muchas familias con hijos, y le hice pito catalán al librito “adoctrinador” de extranjeros. Me compré una casa con jardín. Claro que no sin una hipoteca.
Esta semana leo que, como yo, casi todos los holandeses comparten el mismo gusto por el fondito con verde, la barbacoa humeante y su “schuur” (galpón o cuarto trasero) para guardar las bicicletas. Lo sorprendente es que las municipalidades y las grandes constructoras de viviendas están invirtiendo en bloques de departamentos.
La venta de esos departamentos, que en muchos casos ni siquiera tienen balcón, se demora mucho más –hasta dos veces, según cifras de la Universidad de Delft (¡la misma ciudad del librito verde!) que las casas de planta baja.
El artículo del diario NRC Handelsblad se pregunta, ¿qué quiere la gente? ¡Una casa con jardín!, responde. Eso es lo que expresan cuatro de cada cinco potenciales compradores. Eso es lo que quiere la generación de treinta años con hijos, pero también los mayores de sesenta. En consecuencia, continúa el periódico, los departamentos nuevos permanecen vacíos y en muchos casos, terminan poniéndose en alquiler.
En venta: Casa “A”
Y ahora se viene otra tendencia, según se lee en otro artículo del mismo periódico: La clasificación del nivel de ahorro de la energía. Si una casa ahorra energía, se hará merecedora de una etiqueta A o B. Si, por el contrario, malgasta, se arriesga a una etiqueta G. ¿De qué sirve esto? El Gobierno quiere promover la conciencia ecológica. Su razonamiento es el siguiente: si una persona puede optar en una misma cuadra entre dos casas en idénticas condiciones y precio, pero una de ellas “clasifica” mejor en ahorro de energía, entonces se inclinará por esta última. Además, los propietarios que pongan a la venta sus casas se esforzarán por adecuarla para que el inspector les favorezca con una A o B. ¡Aprobada!
Mi conclusión, tanto para el primer caso como para el segundo, es que, por ahora, hay muchos factores que entran en juego a la hora de comprar una casa en Holanda. Yo quise, como se dice acá, una “eengezinswoning” (vivienda familiar) y no me dejé llevar por las tendencias. ¿Qué si hubiera preferido una con etiqueta A a otra con D? Me bastó con confirmar que tuviera su doble vidrio, que estuviera bien aislada de los ruidos y que el sistema de calefacción funcionara. Por otro lado, cuidamos el medio ambiente y no derrochamos energía. Más que eso, no se nos cruzó por la cabeza.
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