Un periodista concluía su comentario, en la noche del jueves, sobre la cobertura de la puesta al aire de “Fitna”, el documental anti-Corán del parlamentario holandés, Geert Wilders, con una impresión muy acertada. Él escribía que la realidad, en la calle, esa misma noche, no era comparable a su carga de adrenalina. Eso mismo experimentaba yo, pasadas las 22.30 horas en la estación del tren, en Hilversum Noord. La vida fluye con normalidad, pensaba. No fue para tanto, después de todo. Y junto a eso, sentía alivio.
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Alejandro Pintamalli Cosas que no Geert Wilders
Las Pascuas se celebran en Holanda el domingo y lunes. El Primer día de Pascuas es para mí el más pintoresco porque es cuando nos atoramos con un desayuno opíparo (adjunto foto de esta mañana) y los chicos salen al jardín a buscar los huevitos y conejos de chocolate que les deja…, la liebre de Pascuas (¿?). El bicho se introduce en los jardines y balcones y esconde el dulce entre las plantas, sin advertir de su presencia.
Según se lee, la festividad está alejándose de la tradicional celebración de la resurrección de Cristo y cada año que pasa se afianza como una excusa para cenar entre familiares y amigos (”lekker eten met Pasen!”), como en Navidad. Este año los holandeses gastaron unos 680 millones de euros en comida y bebidas -40 millones más que el año pasado-, pero también, aclara la Oficina Central de Productos Alimenticios (CBL): en servilletas decoradas, flores, velas y otros accesorios.
Alejandro Pintamalli Cosas que me gustan
Hoy es el Día Internacional contra el Racismo, estamos en el Año Europeo del Diálogo Intercultural. Dos razones para perseverar en la lucha contra la discriminación, en un continente donde los choques culturales son materia de debate permanente. Y escribo desde un país donde la intolerancia va en aumento, como advirtió recientemente el Consejo Europeo. Un artículo que se publica este viernes abona la advertencia del ente europeo: los organismos que luchan contra la discriminación en Holanda coinciden con ese cuadro alarmista, publica Spits. Read more…
Alejandro Pintamalli Cosas que me gustan Geert Wilders
Los hechos se suceden y se conectan entre sí, como todo lo que nos viene pasando desde que nos vinimos a Holanda. Es cosa de girar una llave para dar inicio a un mecanismo bastante bien afinado. Así se nos presentaron las cosas cuando alguna vez alquilamos, al tren de los papeles administrativos. Así son las cosas cuando compras, cuando inicias una actividad laboral, cuando te inscribes en el sistema médico o mandas a tu hijo a la escuela. Un paso conduce al otro. Y cuando decides sacar la licencia de conducir. A esto quería llegar. Tardé mucho tiempo en “someterme” al sistema evaluador holandés para conseguir este permiso. Es caro y difícil.
Superar la prueba me costó el chiste de unos dos mil euros, aproximadamente, entre las clases y dos exámenes prácticos de 220 euros cada uno -con un desaprobado en el camino. Read more…
Alejandro Pintamalli Cosas de a ratos Tránsito
Abogamos por los derechos universales pero no somos consecuentes con nuestros ideales y en casa, los dejamos en el congelador. Es muy grave lo que digo. La vi la semana pasada y caí en la cuenta de que, como el resto de los colegas, la ignoraba por completo. O, lo que es peor, “exigimos” su servicio incontables veces al día -yo, al menos, tres veces al día- y no le agradecemos ni con el gesto. Y ella, no se si por orgullo, no se inmuta.
La ignoramos -no quiero pensar que porque es negra… Ella (¿cómo se llama?) trabaja en un rincón, frente a los baños. Responde casi siempre con diligencia. A veces se empaca, hay que reconocer. ¡Cualquiera lo haría en su lugar!
Yo, en todo caso, quiero hacerle justicia a esta trabajadora negada y tan servicial.
No sé qué haría sin ella, nuestra querida máquina de café.
Alejandro Pintamalli Cosas de a ratos
Fue tomando forma de a poco. Varios aportamos ideas y lo lanzamos esta semana, con la intención de incorporarle historias de viajes, anécdotas laborales y todo lo que se nos cruce por la cabeza. Es el blog de Radio Nederland Wereldomroep. Además del buen inicio que acaba de imprimirle mi colega Beatriz, desde Madrid, lo veo como un espacio donde, en lo personal, podré aportar otros comentarios que no necesariamente tengan que ver con Holanda. En el blog de RNW podría relatar algunas experiencias que haya vivido en distintas circunstancias y referirme a las coberturas periodísticas en y sobre otras partes del mundo, en especial, de América Latina. ¡Bienvenida sea esta iniciativa!
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Mi primera contribución: Momentos imborrables
Alejandro Pintamalli Cosas que me gustan RNW
El viernes me indigné cuando recibí en mi correo el artículo que el Volkskrant publica en papel al día siguiente sobre las ciudades más feas de Holanda. Almere, mi ciudad, aparece en el primer puesto, según se desprende de una encuesta entre 2900 personas, organizada por la sección de viajes en la web.
“Nada significativo”, fue mi pensamiento inmediato. El calor regresó a mis mejillas cuando leí la nota impresa. ¿Durante cuanto tiempo los almeerders tendremos que hacerle frente a estas opiniones gratuitas e injustificadas?
Mi pobre ciudad es vista como una “ciudad dormitorio”, aburrida y hasta peligrosa. Mi ciudad “fue” una ciudad dormitorio durante varios años, desde que en 1976 se puso la primera piedra en el barrio de Haven y los amsterdamers aceptaron habitar sus viviendas económicas y subirse al auto para cruzar el puente de regreso. Mi ciudad pudo haber sido aburrida, para algunos, si tomásemos en cuenta que el nuevo centro comercial tiene un par de años de vida y sigue en expansión. Si queda alguna duda, su arquitectura le mereció en julio del año pasado el tercer puesto entre las ciudades más prominentes de Holanda. Su responsable, Rem Koolhaas, es de lejos el arquitecto más importante del país. Él fue el que la “despegó” de la chatura del polder, al componer un centro urbano en varios niveles, surcado debajo por vías de buses y carriles de bicicletas, mientras que por encima se elevan unas edificaciones dignas de los comics de ciencia ficción.
El otro prejuicio que sigue en boca de los “ignorantes” de siempre, es el de la inseguridad. El origen hay que situarlo en la desconfianza de sus primeros habitantes hacia los “nieuwkomers”, con un tinte de color en la cara. De la noche a la mañana, la ciudad “fundada”, pasó a ser la ciudad invadida.
Hoy Almere respira un aire de armonía y concordia. Es un lujo convivir con tantas nacionalidades.
Es cierto que le falta un alma. ¿Podría hacerse de un alma tan pronto? Apenas tiene 32 años… El periodista Bert Wagendorp hace justicia en su artículo que complementa el resultado de la encuesta, cuando concluye que “Almere no es fea. La ciudad tiene un corazón y posiblemente tenga un alma. Sólo es cuestión de tiempo”.
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