Los trenes belgas alternan en sus vagones un cartel publicitario en holandés, seguido a un asiento de distancia por el mismo anuncio, esta vez en francés. El mensaje es el mismo: invita a los pasajeros a “comportarse” civilizadamente, a no invadir los asientos contiguos con sus pertenencias, o a no vociferar ni a apoyar los pies en el asiento delantero.
Siempre me pregunté por qué en Holanda no se hacía algo similar. Todo-lo-que-no-hay-que-hacer, se hace con naturalidad en sus espacios públicos. Es norma pero, curiosamente, no inquieta a nadie. O a casi nadie. La fundación SIRE (Stichting Ideële Reclame) inició una campaña quijotesca para cambiar estas costumbres.
Se trata, como en la vecina Bélgica, de informar a la gente de que muchas veces tiene actitudes antisociales y, revelan las encuestas, no lo sabe. Escucha música sin auriculares, arroja sus bolsos al piso con brutalidad, no cede el asiento a una embarazada o a un anciano, grita desaforadamente o habla a viva voz por teléfono. Es la conducta habitual de los adolescentes, pero tienes sus adeptos también -y son muchos- entre los adultos.
“Parece ser que el comportamiento antisocial es la norma. Y no de un individuo o de un grupo aislado. Todos lo hacemos, sin importar el color, la edad, el sexo o la clase social”, explica SIRE en su sitio web. Esta fundación, financiada por el sector publicitario, es independiente del Estado y cuenta con el apoyo de los medios de comunicación que le ceden sus espacios gratuitamente.
El éxito de la iniciativa, con campañas gráficas y audiovisuales, no está ni de cerca asegurado. Un análisis que leí por ahí no le augura mucho éxito. Es un comienzo, al menos, para que el hombre común se reconozca en la imagen que le devuelve el espejo de la sociedad.
Alejandro Pintamalli Cosas que me gustan Publicidades