“Holanda merecía ganar”
Lo que dejó el Mundial 78
Pasaron ya 30 años de aquella final del ‘78 contra los holandeses, de aquel 3 a 1 inolvidable. Yo tenía entonces unos 9 años, cursaba el cuarto grado de la primaria y me movilizaba en esos días con una radio portátil para no perderme los partidos que se disputaban en las horas del cole. El resultado en el Monumental fue apoteótico. Se sufrió y se tocó el cielo con las manos. Las calles de la Avenida Triunvirato, en Villa Urquiza, se colmaron de banderas, bocinas, gente desaforada…, una postal que se repitió en cada rincón del país.
Era chico y desconocía los fines que perseguía la Junta militar, en el poder desde 1976. Para mí ese triunfo era un motivo de festejo. Kempes, Fillol, Passarella, Luque…, eran mis héroes. El tiempo y el fin de mi inocencia (léase la toma de conciencia de las barbaridades que cometió la Dictadura) ensombrecería ese resultado. Casi era mejor no hablar del asunto.
¿Y qué decir de aquel 6 a 0 contra Perú, cuando parecía imposible vencer al país andino con una diferencia de cuatro goles para pasar a la final?
Por una razón u otra, por la victoria o por las dudas que subsisten, esa fecha es inolvidable. Y si no, que se lo pregunten a los holandeses que están convencidos de que en aquel 25 de junio se cometió un acto de “injusticia”, como publicó el mes pasado el periódico NRC Handelsblad. El artículo traducido se lo dedico a mi amigo Pablo Lisotto.
Disculpas al pueblo holandés
De Frederik Vossenaar
Holanda lamenta todavía la derrota del final del Mundial de Fútbol de 1978. La estrella argentina de aquel entonces, Mario Kempes, pide perdón.
Las dos derrotas del equipo holandés en dos finales del Mundial son aún para muchos hinchas un recuerdo traumático. Primero fueron los alemanes los que se aprovecharon en 1974 de que la naranja mecánica, tras adelantarse en el marcador, creyera que podía vencer sin tener que arremangarse. Cuatro años más tarde, el equipo dirigido por el austriaco Ernst Happel se cruzó con Argentina y cayó 3 a 1, en un partido que visto en retrospectiva, pudo haber sido ganado. Rob Rensenbrink no deja de ser abordado sobre su disparo fallido que fue a dar en el palo en el último minuto del tiempo reglamentario. Un futbolista brillante, hacedor de goles impresionantes pero…, todavía ese palo que se le puso en el camino.
Argentina tuvo más suerte y ahora está dispuesta a reconocerlo. Y más aún: Mario Kempes le ofrece sus disculpas al pueblo holandés.
El próximo 25 de junio se recuerdan los 30 años de la final. Esta es la fecha escogida por la cadena ESPN para una emisión especial con el astro del equipo albiceleste de entonces, Mario Kempes.
Dos goles y un pase decisivo contra los holandeses, suficiente para pasar al hall de la fama.
Con el estadio El Monumental de fondo, donde se jugó en Buenos Aires la final del ‘78, la emisora hace justicia. El resultado no puede cambiar, pero Kempes lo reconoce: Holanda era el mejor equipo, ¡Holanda merecía ganar!
Lo recuerda todo. Recuerda cómo sorteó a los tropezones a los holandeses y cómo embocó el segundo gol, recuerda todo lo que tiene que ver con la victoria, pero no el resultado del test de orina o las dudas -que incluso los argentinos tienen- del triunfo por 6 a 0 contra Perú, necesario para alcanzar la final.
¿No metió ese segundo gol con la pierna extendida? Después de 30 años debe ser un alivio para él reconocerlo. En efecto, fue una plancha, como se le dice en español.
Una confesión similar a la del alemán Hölzenbein, quien reconoció que en el ‘74 simuló la infracción que habilitó el penal contra Holanda.
En 2002, el ex DT del seleccionado argentino, Cesar Luis Menotti, también reconoció que los anaranjados debieron haber ganado, aunque hay que decir que se había excedido de copas cuando se lo confesó al holandés residente en Buenos Aires, Marc Rothuizen (In vino veritas - en el vino está la verdad). Y agregó que durante la pausa los locales acortaron en 40 centímetros la distancia de los palos del arco. En conclusión, la reconstrucción de esta injusticia histórica se completa definitivamente con el relato de Kempes.
Y lo que extrañamos todavía es una confesión del árbitro Badilla, de Costa Rica, por haber dejado a los brasileños Bebeto y Romanio partir de una posición fuera de juego y marcar, en los cuartos de final de la Copa de 1999. Así podemos borrar todas las manchas de una vez y seguir adelante, ¡hasta la próxima final de fútbol!





