Sexo y drogas: ¿Holanda da marcha atrás?
En Holanda se está viviendo un proceso que podría interpretarse como una marcha atrás respecto de sus reconocidas libertades en torno a la industria del sexo y de las drogas. Y esto lo entiendo porque, en apariencia, la sociedad parece exigir un poco de orden en vista de un aumento de la criminalidad en los últimos años. No es casual que en estos tiempos que corren dos de los partidos de la coalición de Gobierno saquen credencial de protectores de la moral.
Por un lado tenemos a la democracia cristiana (CDA), relativamente centrada en sus iniciativas, pero a la par hace ruido -pese a ser un grupo minoritario-, la Unión Cristiana, una formación fundamentalista que por todos los medios trata de boicotear esa tradición progresista.
Sobre esto estuve meditando la semana pasada antes de responder a la petición de una radio argentina que quería informarse sobre el funcionamiento del Barrio Rojo en Ámsterdam.
Creo haberles dicho que con el propósito de re-ordenar el Wallen, como se conoce a este distrito, las autoridades locales reforzaron su control desde inicios de año y, hasta hoy, han retirado al menos dos permisos de explotación de burdeles.
Lo que se busca parte de una aspiración razonable que es evitar la trata de blancas y proteger a las trabajadoras del sexo. A la vez, se anuncian planes para aggiornar el Wallen. Entonces, ¿se quieren mejorar las condiciones laborales de las mujeres o acabar, en definitiva, con sus vistosas vidrieras? Porque, como expresó un demócrata cristiano, “si la intención es mejorar las condiciones de trabajo de las prostitutas, ¿por qué no cerrar directamente las ventanas del Wallen?”
En este punto la respuesta de los involucrados es confusa. Por un lado, hay voces que piden hacer del oficio más viejo del mundo un trabajo “más aceptable”, y para ello promueven que haya más control, más centros de atención a las víctimas de la trata de blancas, en fin, más exigencias para el ejercicio de la prostitución. Una de estas exigencias podría ser la propuesta de facilitarles a las mujeres un carné de identificación, que los clientes y el personal de los hoteles puedan consultar (ver ¿La zona roja en peligro?).
Pero al mismo tiempo se habla de una reforma integral del Barrio Rojo, de una disminución de vidrieras, de una “lavada de cara” con nuevas fachadas fashion, centros de moda y hoteles de lujo.
La Unión Cristiana denuncia que el Gobierno no mide con la misma vara cuando censura el tráfico de animales salvajes y los mataderos de cerdos, mientras tolera las ventanas del Wallen.
Mi impresión es que las cosas se dicen con rodeos para no herir los sentimientos de quienes verían menoscabar esa tradición innovadora holandesa, con medidas de corte conservador, ni de aquellos que pasarían la escoba con gusto con tal de barrer con burdeles y coffeeshops.
De paso valga decir que el holandés es un tipo bastante conservador, que no se crea que porque es tolerante acude con la misma avidez a estos lugares que el turista.
Y en lo que toca al tema de las drogas, ya se vio que la ley antitabaco le puso trabas al consumo en los coffeeshops (ver Ley antitabaco VS. coffeeshops) y se inventó una fórmula para autorizar la marihuana pura. Con estas restricciones, Holanda busca satisfacer las “directivas” europeas en este terreno y trata, al mismo tiempo, de dejar a todos un poco contentos…





